Así como hay problemas con la lluvia porque es húmeda, obliga a comer, a desplegar paraguas o entristece, hay problemas con todo lo que uno pueda imaginar. Nada de nada puede dejar conforme a una persona y no hay una sola porción de cosa que no sea problemática.
Así, nos encontramos con esta cuestión: una noche, típicamente fría como hoy, a la luz de un monitor de pc Samsung, una persona se entera de una infidelidad. Complicación, lógicamente. Levanta el teléfono, comienza a marcar, corta y repite esas acciones dos o tres veces más. Del otro lado de la pared donde apoya su cabeza este sufriente del engaño, hay una habitación con un concentradísimo ser humano tratando de sacar una cuenta para ver si puede o no cambiar su heladera por una nueva y mejor, a la que mínimamente le funcione el motor. Y en la casa vecina, dos jóvenes deciden casarse para poder viajar a Francia legalmente. Lo aceptan, se miran y se sonríen; se abrazan y fruncen el ceño. Eso no está bien.
¿Será que en esta manzana aunque sea hay alguien sin un problema? En la casa de la esquina una mujer se queja del dolor de espaldas y su hijo le lleva un analgésico mientras piensa que su madre es una persona muy quejosa y eso sin dudas es problemático. En esa misma cuadra, un bebé llora, un tipo golpea la televisión porque la imagen se ve rayada, un peronista se queja de la derecha, una anciana sale de la ducha con el pelo a medio enjuagar porque el calefón se apagó, un peronista se queja de la izquierda, un niño dibuja y se le rompe la punta del lápiz.
Afuera, un perro pasea feliz moviendo la cola. La alegría de cruzar la calle.