jueves, 30 de mayo de 2019

¿Alguno de los de las 5 y 26 de la mañana escucha El ruido? 

Sucede después de esa hora seguro y antes de las 6. Es como el ruido del demonio trabajando. Es como un gruñido o algo. Como si se estuviera acomodando la tierra. Como si literalmente alguien estuviera empujando un hemisferio a la derecha del eje. Como si hubiera que prepararla para tener el típico dia sobre el planeta tierra. Y es así porque después de eso empiezan las secuencias: basurero, mujer taconeando en el piso de arriba, chicos yendo al colegio, yo decidida a hacer un mate y escribir esto.Ese ruido me marca el final de la secuencia insomne. Sé que no va a pasar mucho entre eso y todo lo demás, voy a poner la pava y esperar que arranque otro dia más. 

Hoy lo escuché y me levanté rápido en la oscuridad para ir al balcón a ver si todo es como yo creo, que es algo así: que todo lo que percibo en el ángulo superior es "correcto", que los edificios de las 9am -y el resto del día- ya están bien colocados desde ese momento por el habitual movimiento de rotación de la tierra. Pero que todo el ángulo inferior no se movió acorde, de modo que del piso brotan pastizales, montaña, mar, y en el peor de los casos un cruce de avenidas japonesas, un templo, un estanque y un dojo. Entonces  la visión está como partida por una línea invisible pero bastante notable, dado que encima del dojo y el estanque se colocan torpemente el 5to piso de un edificio de Villa Urquiza o un cartel de Kentucky 24hs. 

Decía: me levanté corriendo en la oscuridad para asomarme al balcón y comprobarlo, y me golpeé la cabeza con algo. No sé. Y cuando me repuse vi desde el balcón unos pisos de madera con mesitas para tomar el té estúpidamente abajo del cartel con la E gigante del garaje de enfrente. Y luego, a medida que el sonido, alguien empujaba el piso y las mesitas a la derecha, y se colocaba la triste entrada de vehículos. Cuando el ruido terminó empezó a sonar el pitido que anuncia la salida de un auto y el comienzo de un nuevo día en un barrio comercial de este país, en este planeta.

Cuando me reponga del golpe hago un mate.



sábado, 11 de mayo de 2019

#emprendedores

Hoy vi una escena de lo más amorosa: un nene pisó caca en la feria del parque. Estábamos haciendo la fila en la verdulería y la mamá le empezó a decir "lo pisaste bien pisado, eh". Eventualmente le repetía el mérito mientras el nene, que no debía tener más de 9 años, luchaba contra el pedazo de mierda con indicaciones de su padre. Parecía que no entendía cómo tenía que hacer para desprenderlo -aunque igualmente "tan bien pisado" estaba que yo no creía que fuera posible disimular. Además, calzaba esas sandalias/pantuflas/ojotas de goma que dejaban hiper vulnerables a sus pies y parecía que él lo sabía por la espasticidad de sus movimientos- y, frente a la impotencia de las indicaciones paternas y luego también maternas -la madre en algún momento dejó de refregarle el mérito y pasó al modo indicativo-, el resto de la fila también empezó a opinar y a gritarle sugerencias de cómo tenía que arrastrar el pie por el pasto para salir airoso. El nene estaba cada vez más nervioso y su pie cada vez más cerca del pedazo, pero nadie parecía reconocer que a veces no se puede. 
La presión de cuando tenés 9 años y hay que aprender a sacarte la caca de las zapatillas -sandalias/pantuflas/ojotas de goma- es parte de la formación, del paso a la adolescencia y luego a la adultez. 
Algún día ese nene será un hombre: le va a dar indicaciones altaneras a otros nenes sobre cómo hacer algo materialmente imposible y salir airoso. Es nuestra novísima generación de emprendedores.