jueves, 9 de julio de 2015

Las enfermeras de Perón trabajan para Roscomos. (de como empezar una historia contando el fnal. De la importancia del paratexto. De la necesidad de sobreexplicar. Del deseo generar un sentido cerrado. De las ganas de confundir. De lo que suma poner un título. Del descubrimiento de las etiquetas. De lo bueno de trabajar frente a un cine barato)


A las 2.10 de la primer madrugada fría que hubo en el año, por la 92.1 se anunció la rebelión. El detalle -que no es detalle sino de vital importancia-: era una radio chica y poco escuchada en un horario poco concurrido. Sólo 20. Eramos pocos oyentes. Quedamos dos o tres. Estoy especulando.
Los locutores, con voz antiplanense, decían que "somos miles miles, en Morón, Lomas de Zamora, Moreno, Malvinas Argentinas, San Miguel. Nuestros hermanos de La Matanza, de Monte Grande, de Milberg, de Pacheco. Hermanos de...". De todas partes, las partes todas. Y después anunciaban que "se movilizarán en micros. En micros ubicados en diferentes puntos. Diferentes puntos que contienen micros. Esto anuncia un gran movimiento. Un gran mover".
Y repetían "gran mover, ¡qué mover!, enorme mover".
Éramos 20. Quedamos tres o dos, especulo.

Al otro día, en el subte a las 7 de la mañana, leí esta noticia:

La nave rusa podría caer mañana sobre la Tierra. Su caída sigue descontrolada. Pero está previsto que antes del jueves impacte. Pesa 7,2 toneladas-

Yo y 19 más esperábamos la caída de la nave en cualquier momento. Sabíamos que todo estaba relacionado. No confiábamos en Roscomos; los rusos están vinculados desde la guerra fría con países del tercer mundo.
Sentí como se me explotaban las ampollas que me cubrían las piernas. He desarrollado una alergia extraña causada por no sé qué. Me recubren las piernas. Las ampollas. Y cuando me apoyo o me siento se empiezan a explotar. Salen una vez por mes y se van, son extrañamente periódicas. Sentí como la pus lo invadía. Lo invadía todo. 
Como los de ayer, pensé. Y Roscomos, agregué. 
Llegué a la oficina y encontré un mail en mi casilla. Escrito en ruso, debí usar Google para traducción: "Ivanovna, reunión de oyentes de la 92.1.
20:30. Lugar: cine Gaumont. Función de Las enfermeras de Perón, sala 3. Llevar bufanda".

Peligroso, pensé. Increíblemente cerca de mi centro de trabajo. Saben que estoy acá. Gran elección, ya que si quieren hablar tenía que ser documental aburrido.
¿Seremos todos los oyentes o sólo yo? 
¿Quién hizo ese documental? 
¿Bufanda?



20:30 estaba en el Gaumont. Elegí sentarme cerca de la puerta. Habían sólo 5 personas. 3 tenían anteojos sin aumento, eran del SIC. La 4ta era un jubilado. La 5ta, el acomodador.

Empezó el documental:  
-Las enfermeras de Perón cuidaron del carismático caudillo durante sus últimos días de vida.

...

-Al igual que su difunta esposa, Eva Duarte, requirió de cuidados paliativos y gran atención...

...

-El general Perón no gustaba de que sus enfermeras estén encima: sentía humillación de que alguien deba alimentarlo, ayudarlo a bañarse, a vestirse...

-Ivanovna.

-Perón se aseguró de que sus enfermeras tengan trabajo o pensión de por vida...

-Quédese callada. Mire al frente.

-Perón hablo con Isabel para  generar ayudas varias para esas enfermeras.

-¿Gusta del documental? ¿No?

-Finalmente, Perón murió en 1974 y se hizo cargo del gobierno Estela de Perón, su esposa.

-Cuando termina vamos.

-Las enfermeras trabajan actualmente en el Hospital Rivadavia.
Fin

-¿Y la bufanda?- pregunté.
-Hace frío. Ah, por cierto, golpearé su cabeza hasta que pierda el conocimiento.


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