miércoles, 21 de agosto de 2019

Reflexión circular sobre TOC


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Se lee como ping ping: Va y vuelve, y busca remate.
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Los pensamientos irracionales que pueden llevar al acto de la limpieza pueden ser distintos entre persona y persona. Por ejemplo, algunos individuos pueden tener pensamientos supersticiosos que les provocan ansiedad si no realizan actos para reducir sus síntomas ansiosos, otros pueden pensar que todo está contaminado y si no se limpian van a sufrir enfermedades graves, y otros pueden llevar el orden y la limpieza del hogar al extremo, ya que buscan continuamente la simetría de los objetos. Independientemente del pensamiento irracional, la compulsión en este tipo de trastorno se va a caracterizar por conductas de limpieza e higiene.
Estas personas sufren pensamientos repetitivos que provocan ansiedad. La conducta compulsiva solamente sirve para calmarles por un tiempo breve, lo que acaba produciendo un círculo vicioso, pues vuelve a aparecer el pensamiento irracional una y otra vez tras la conducta compulsiva.
Variables cognitivas relacionadas con el TOC
Existen múltiples variables cognitivas relacionadas con el TOC. Según el Obsessive-Compulsive Cognitions Working Group (OCCWG), las más importantes son:
Intolerancia a la incertidumbreSobreestimación de la amenazaPerfeccionismoResponsabilidad excesivaCreencias sobre la importancia de los pensamientosCreencias sobre la importancia del control de los pensamientos propiosRigidez de ideas
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La obsesión empezaba cuando tenía que decirle algo a alguien pero ni valía la pena que lo haga. Empecé escribiendo este párrafo en tercera persona como si le relatara a otro lo que le pasó pero dada MI obsesión por la limpieza, por MI limpieza, modifiqué toda la primera oración.
Tenía muchas cosas que decirles a muchas personas, sobre todo a una o dos, algún que otro ser humano que tenía vínculo conmigo que ni vale la pena mencionar, porque insisto con que poco importaba lo que tenía que decir porque ni valía la pena. Esa vez pasé el trapo al piso de mi casa unas once veces un día sábado.
Me habia acostumbrado a hacerlo todas las mañanas antes de salir al trabajo y todas las noches cuando llegaba después de rutina laboral y académica. Lo pasaba incluso llegando agotada después de entrenar o de madrugada después de salir. Pero lo del sábado aquel fue hermoso. Siempre comentaba, se lo comentaba sobre todo a mi hermano, "vos no sabés lo que está mi departamento los sábados, porque limpio; yo limpio los sábados". Eso era el año pasado y el anterior. Me había mudado finalmente a un departamento que me gustaba con vista privilegiada a geriátrico, pocas veces ocultada por un blackout maltrecho. Yo a veces lo invitaba y le decía "¿vos viste no?, ¿viste esto?, ¿viste lo limpio?". Hacía como un tour por los ambientes del departamento y recién ahí calentaba agua para mate o té. Si hoy en día le pregunto a mi hermano un sábado si sabe cómo está mi departamento seguramente contestaría "ah no, pero limpísimo", porque el me seguía el juego, me daba medallas, aplaudía, pasaba dedos para buscar polvo y hacía la prueba de la blancura. Desde ya que las limpiezas que hacía no eran buenas, pero eran lo mejor que me había pasado desde que había empezado a vivir sola. Nunca había querido míos los lugares donde viví, siempre limpiaba porque sino se acumulaba mugre y punto, pero con el departamento frente a geriátrico yo sentía la necesidad inmensa de hacerle el homenaje de limpiarlo y después prender un sahumerio.
La vez de aquel sábado fue en otra locación. Me mudé a otro departamento que no me gustaba tanto, sin vista a geriátrico pero aún así lindo, y ya tenía más conciencia de que podía mantener la fantasía de que algo podía ser mio, homenaje mediante. El homenaje requería cada vez más esfuerzo, como todo lo que se repite. Tenía que quedar bien en claro.
El viernes previo llegué, me bañé limpiando la ducha, entoallada limpié el baño y, mientras cocinaba, el resto de la casa. Comí y limpié después de eso.
El sábado me despertó la angustia de lo que no estaba diciendo y arranqué trapeando a la mañana mientras la pava del mate.
Me volví a dormir. Me desperté y regué las plantas. Pasé otro trapo, pues la entrada y salida de tierra del balcón.
Salí a comprar hormas de queso. La vuelta ameritó una limpieza más.
Cociné y antes de almorzar pasé un trapo. Después de lavar los platos hice una limpieza más profunda.
Me hice un té y me acosté a ver una película y cuando me levanté necesité limpiar.
Salí a ver una película al cine y volví casi a medianoche. En el medio hablé con mi hermano y le dije lo de siempre del sábado y mi casa; aseguró que debía estar limpísima y le comenté de la cantidad de veces del acto de la limpieza. Googleamos lo del TOC que cito más arriba. Repasamos algunos que recordaba haber tenido: la actividad simétrica de las manos, la clásica caminata intrabaldoza, el ritual previo a dormir -una mezcla de lo más bizarra que empezó después de tomar la comunión con un padre nuestro a toda velocidad y saraza, y después terminó con varios padres nuestros y aves marías a velocidades divinas, cantidades de movimientos espasmódicos y señales de la cruz, alguna que otra frase que me cuesta recordar, y madera y teta izquierda, muchas veces, yo calculo que 8 porque es mi número favorito, 2 y 4 me parecen pocos, y tengo problemas con el 3 y los múltiplos de 3, y en general con los números impares. El ritual consumía 15 minutos de todas las noches y creo que duró por lo menos 4 años, entre variantes que le iba agregando (del tipo: ¿dónde tocó madera? Opción A: Mesa de luz. B. La propia cama. C. La cama de mi hermana más chica que dormía arriba mio. D. La propia cabeza, una opción que se considera válida pero no tengo ni la menor idea de por qué. Terminaba haciendo A, B, C y D todas juntas 4 veces cada una u 8, depende el año). Al cabo que de todas formas ya tenía problemas para dormir así que tampoco tanto problema por el tiempo consumido-.
Llegué a casa. Pasé otro trapo antes del té y uno más antes de acostarme. Prendí un sahumerio. En el medio escribo esto.
Tengo muchas cosas para decir y ninguna vale la pena decirla. ¿Qué carajo tiene que ver esto con la limpieza? *1

jueves, 15 de agosto de 2019

Voladura de toalla

Recién descubrí que se voló una toalla y pensaba la mejor manera de hablar sobre el vacío que me dejó saber que nunca más la toalla. Sí, que posmo no poder decir directamente -y encima buscar y buscar otras maneras- que la voladura sorpresiva de esa toalla horrible, negra con mariposas de colores, me generó una tristeza inmensa. Y más porque sé dónde fue a parar: al techo de al lado. Indagando -bah- la dirección del viento de esta noche estimé que la toalla había tomado rumbo norte y por tanto: o estaba en la calle cerca del chino -entonces habría trazado una línea diagonal teniendo en cuenta que el punto de partida es la esquina derecha interna de mi balcón, tipo /- o voló -más luego se comprobó que efectivamente sucedió- de una forma poco convencional a una suerte de terraza dos pisos más abajo de al lado de mi edificio. 
Digo poco convencional porque el balcón tiene pared y la toalla estaba colgada en el corner enganchada de una punta que sale de la persiana cuando queda levantada -es algo que acostumbro hacer cuando salgo de bañarme y quiero que se seque-; y además, la toalla es más bien un toallón, y nótese que pese a que no está del todo clara la diferencia entre ambos porque la utilidad es la misma, ciertamente los toallones pesan más y de esto no me caben dudas porque es fácil de comprobar -hagan la comprobación empírica que es bastante fácil y no se necesita de ningún avance tecnológico: 1) Forman una muestra representativa 2) Se agarra con una mano una toalla y con la otra un toallón 3) Se sopesan. Si aún les quedan dudas pueden invertir el paso dos, e intercambiar toallas y toallones de manos y repetir entonces el paso tres. Sugiero un descanso de por medio, es decir, no agarrar nada con ninguna mano por cinco minutos y recién ahí realizar este paso-. 
Volviendo a la voladura de la toalla, decía: poco convencional porque con ese peso -incrementado porque estaba mojada- debió ser desencajada de la punta sobresaliente del corner de mi balcón, levantada medio metro para superar la altura de la pared y caer casi que al instante (estaba muy cerca de la medianera) en el techo de al lado, y todo esto debe haber sido acción del viento. Poco convencional porque: ese toallón con ese peso fue desencajado de la punta sobresaliente del corner de mi balcón por el viento, que luego lo levantó medio metro y así superó la altura de la pared y lo hizo caer en línea recta para depositarlo casi al lado de la medianera, en el techo colindante, donde nadie va, porque no es de esas terrazas usables, es tan sólo apenas un techo. Y ni siquiera ahora que tiene una mínima atracción alguien va a ir a verlo. 

El punto es que a menos que el viento haga lo suyo nuevamente -sería elevarla metro y medio por encima de una barandita que veo que tiene el techo, desplazarla en dirección noreste (/) y dejarla caer en línea recta sobre la calle-, nunca más vería ese toallón horrible. Y yo, que triste me siento porque la/lo veo ahí tan solo o sola, de acuerdo a si sigue siendo toalla o ya podemos afirmar que es toallón, y quiero rescatarle pero no puedo imaginar siquiera cómo tocar el timbre de ese edificio para contarles que en su inutilizado techo está la toalla que el viento quiso que, vaya uno a saber por qué