miércoles, 28 de enero de 2015

Yafeu Mubar y la fundamentalidad del espejo


El espejo lo inventó Yafeu Mubar en 1456 a.c
Vital es la necesidad de escribir sobre el espejo y responde a entender por qué es la técnica que abre paso al conocimiento tal cual lo conocemos, valga la redundancia.

¿Qué fue lo primero que el hombre quiso ver que no estaba a su alcance? ¿Qué? ¿América? No. ¿Europa? No. A sí mismo, mi querido amigo, a sí mismo.
 Sin el espejo no tendríamos noción del propio rostro. Ni siquiera puede alguien objetar que la fotografía o las cámaras, que podrían darnos una idea de cómo es que somos, porque mire, fue necesaria la intervención de la técnica especular para tales invenciones. El espejo estaba allí cuando las cámaras -¡es la base de las cámaras!-, y estuvo antes, con y después-porque al día de hoy todavía tiene un vigencia llamativa- de la pintura. Los retratos nos dan una impresión aproximada de cómo nos vemos, pero pasan por el inevitable filtro del pintor. ¿Confiamos en que el pintor nos retrata tal cual somos? No. Cientos de testimonios de la edad media en adelante hay de artistas increpados por musas y musos que les reclaman un más de realidad, un más de belleza, un más curvas, un más de brillo facial. ¿Por qué pudieron reclamar esto? ¿Por qué no confiar en las manos y la visión de artistas, de la talla de Miguel Ángel Buonarrotti, quien, por ejemplo, fue denunciado por una joven aristócrata florentina por injurias faciales (SIC) por haber pintado un bigote en el retrato-¡Sí! Así consta en los testimonios-? ¿Cómo pudo la joven florentina darse cuenta de que ese retrato no tenía que ver con su realidad? Tal es el poder de la comparación, de una buena comparación que nace de mirarse anteriormente a posar en un espejo, de saber que tal bigote no estaba allí antes y que ¿por qué iba a estar 20 minutos más tarde? 
Por tanto, lo segundo que surge con el espejo (lo primero es el reconocimiento de uno mismo, por si no lo mencioné a pesar de su vital importancia -a veces las cosas son tan esenciales que ni se dicen. Es el caso-) es la diferenciación ( de la que, obviamente, la comparación es sólo su primer parte), ergo, que la joven florentina diga que esa mujer del cuadro es diferente a ella. Y la tercera cosa que surge entonces sería la crítica, porque para poder criticar algo que ES hay que saber que PODRÍA NO SER (así). De modo que la joven aristócrata en debate público en la plaza de la ciudad acusó verbalmente a Michelangelo y defendió su punto de vista, el mismo que le devolvía su reflejo. Con la mano izquierda (a pesar de ser diestra) acusaba a Buonarrotti y lo apuntaba con el dedo índice. Pero, ¿qué tenía en la derecha? Un espejo, por supuesto, en el que se veía reflejada a cada momento, no sea cosa de que en algún vistazo ella vea finalmente el bigote que vio el pintor y su denuncia a un tipo tan reconocido la haga quedar en ridículo.
Tal es la incidencia de la técnica y su importancia. Tales son las consecuencias, porque si bien el episodio en Florencia se resolvió con un nuevo retrato gratuito que debió hacer  Miguel Ángel, quien también debió pagar veinte botellones de vino tinto para la aristocracia (todo para que no lo encierren o le quemen sus cuadros y bocetos -entre los que se encontraba La Creación, por supuesto-), las situaciones de poder y dominio marcadas por la conformación de las diferenciaciones no mermaron ni se resolvieron con cuadros o vino. Más bien lo contrario: fueron endureciéndose y embruteciéndose, sobre todo, con el tiempo. De modo que hoy día yo vivo en Argentina y soy argentina, y soy diferente de una holandesa, o que Wikipedia esta personalizada para cada país o que si las diferencias no son bienvenidas hay guerras.


Tal es la importancia de Yafeu Mubar que en 1456 a.c inventó el espejo porque vio, fíjese que cosa obvia para nuestros días, cómo la luz se reflejaba en un vidrio cuando de un lado estaba oscuro y del otro muy iluminado, siendo que en un juego "divino"- así habría dicho-  de rebotes lumínicos termina haciendo haber espejo (en realidad, según Wikipedia, los juegos divinos consisten en que "para una imagen formada por un espejo parabólico (o esférico de pequeña abertura, donde sea válida la aproximación paraxial) se cumple que:  en la que f es la distancia del foco al espejo, s la distancia del objeto al espejo y s' la distancia de la imagen formada al espejo, se lee: «La inversa de la distancia focal es igual a la suma de la inversa de la distancia del objeto al espejo con la inversa de la distancia de la imagen al espejo». en la que m es la magnificación o agrandamiento lateral").



Yafeu, cuyo nombre significa "audaz", fue uno de los más grandes creadores del mundo. 

lunes, 26 de enero de 2015

Peluquería

Cortarse el pelo puede ser una gran experiencia.
Entramos y nos dicen "pasá que ahora te preparan".
 Yo me digo "t e p r e p a r a n". ¿No será mucho? 
Pensaba en la cantidad de partes del cuerpo que hay que atender y las distintas especialidades para cada una*, de forma que del corazón se encarga un cardiólogo y si hay que operar debe ir a un cirujano ("xirujano" en el original) pero del pelo se encarga el peluquero. No sirven los conceptos quirúrgicos para cortar cabello y viceversa, a pesar de que ambas son intervenciones corpóreas (el pelo crece y las células se regeneran y uno podría preguntarse por qué no utilizar el mismo criterio estético para los dos. Ahora, que situación incomoda para todos estos hombres cortarse el pelo y, además, es muy cierto que cuando un peluquero empieza a cortar le cuesta parar. Muy difícil que lo haga pronto. ¿Se imaginan un cirujano que empieza a operar y sigue mas de lo necesario? Otra que Limbo. Por otro lado, ¿cuánto o cómo es lo necesario? Completamente imposible dar una respuesta absoluta. Sigamos)
De forma que si un cardiólogo quiere cortarse el pelo no le queda otra que venir a buscar un peluquero y eso es interesante porque invierte la pirámide de capital simbólico social.  El cirujano cardiólogo está sentado- Mira con miedo al peluquero y no sabe qué le va a hacer ni cómo le va a quedar, y se acerca con miedo a la gran silla y ve cómo manipula tijeras y transpira, a pesar de que a diario utiliza tijeras y cuchillas peores. El peluquero pone nervioso a un hombre que es operador a cielo abierto de corazones. Ahí su gran poder. Tal es la modernidad, tal es el resultado de sus extremas taxonomías y encarcelamientos. Todos podemos ser buenos en una partesita muy mínima del mundo.


*Siguiendo con la reflexión: Hay una persona que ÚNICAMENTE se encarga de las uñas, algo que en la totalidad sólo sentiríamos si se nos rompen y se nos meten y clavan en la piel pero esta es apenas la parte "estética" de la cuestión. ¿Se imaginan? Todo lo que nos puede ofrecer este servicio está de más.

miércoles, 14 de enero de 2015

Oda a Mora

Me di cuenta de que los perros respetan ciertos estándares racionales humanos, como la idea de que el mundo está subdividido fuertemente, que hay estrictos "adentros" y "afueras", y que, por lo tanto, hay paredes, puertas y ventanas para espiar lo que hay de ambos lados.
Ayer, mi perra me siguió hasta mi pieza pero no pasó, se quedó del otro lado de la puerta, esperando que le dé la orden para entrar. Cuando lo hizo, la mimé un poco y luego le dije que podía salir. Todo fue muy ceremonioso. Ella no quería irse pero luego de mis insistencias salió. Luego volví a abrir y ella estaba ahí, implorando con su mirada que la deje entrar. Presentí que, si hubiera tenido puños, tal vez habría golpeado insistentemente. Entonces le dije "Mora pasá", y lo hizo y se acomodó, contenta y con la certeza de que esta vez era definitivo.

Mora, esto es increíble. Somos iguales. Pensamos parecido. Vivís la misma dimensión separatista de los espacios y tiempos que yo. Uno hubiese creído que tenías otras dimensiones que contemplar, que para vos era todo lo mismo este mundo, que no lo habías dividido en habitaciones, adentros y afueras. Pero somos tan iguales que me sorprende. 
No sé si alguna vez fuiste diferente y esto es el resultado del contagio, de tu educación, de estar hace doce años con nosotros, del después de mi técnica que te amaestró (Mora,´¿también sos consciente de que hay un después y de que después del antes viene el después, y más aún: de que después del después también hay después? o ¿tus antes y después se mezclan y se entreveran unos con otros?).
Tal vez sos así desde que naciste, tal vez tus papás ya eran así (¿vos los llamás papás?, ¿qué serían para vos?, ¿sentís por ellos lo mismo que siento yo por Gustavo y Gabriela, esos dos de la misma especie que vi y veo, y ocupan mucho espacio/tiempo de mi vida?)(Mora, Mora, ¿naciste? ¡¿Naciste o solamente estás?!) (Mora, ¡¿SOS?!)

Mora, te quiero.


Acá,las dos posamos para la historia. Bah, yo estoy posando, Mora... vaya a saber uno qué hacía ella (¿hacer? ¿Ella? (...)).

sábado, 10 de enero de 2015

sordera


Cuando no quise escuchar más los problemas de la gente, que me desconcentraban de los míos, me quedé medio sorda (verdaderamente, casi por completo). Yo no había caído en la cuenta de la conexión hasta que Ornella amablemente me lo dijo (casi gritando, desde luego). Como toda profesional, tiene esa habilidad increíble para hacer relaciones, traza líneas insospechadas que van desde un aspecto de la vida a otro. Me gusta dibujarlo mentalmente. Los aspectos son como círculos de colores, tienen una órbita, una delgada línea que los rodea. Como un sistema solar pero con infinitos planetas y un fondo blanco, distinto a la ficción que tenemos del universo, donde la oscuridad es total. Este sistema también puede interactuar con otros, resultado de mis diálogos con otras personas. Cuando eso pasa, una fuerza insospechadamente fuerte reformula las líneas, las traza nuevamente y se agregan más círculos o cambian de lugar o se fusionan. Esa potencia me gusta imaginarla con una escoba. La escoba no es normal, más bien tiene 5 dimensiones.
Más, Ornella no usa escoba. Su tarea es más artesanal y fina: hace línea por línea. Sería imposible saber si hace bien su trabajo, si las líneas y sus vértices están bien elegidos. Pero yo sólo sé que le creo y por eso digo que si estoy sorda es porque no quiero escuchar a nadie más que a mis propios pensamientos, los cuales ya ocuparían bastante espacio. 
Ahora, camino por la calle y sólo creo oír mi respiración. El sonido que hacen las cosas cuando me rozan, mi pelo, la boca, la lengua, los chasquidos. Estoy mucho más concentrada, leo mejor. E incluso cuando escribo, mi atención en mí misma aumenta y a los demás, si los escucho, están alejados, como si formaran parte de un sueño.  Ahora por ejemplo, sólo existimos las palabras y yo. Después todo es un producto de mi inconsciente. Todo lo cual me lleva a decir que esta sordera es terriblemente recomendable para escribientes y empleados de call center.

jueves, 8 de enero de 2015

Partículas de olor vuelan por el aire‏

Me pasó algo muy particular, en todo el sentido y esplendor de la palabra, en el tren. 

Una chica entró comiendo bocaditos de queso y se sentó en un asiento contiguo al mío. Inmediatamente pensé que era un asco y sobretodo en el olor, porque, además, terminó de comer y empezó a sacudirse las manos y a agitarlas para sacarse las partículas de bocado de queso que se le habían pegado a la piel. Luego agarró el celular y me imaginé que debía de estar lleno de grasa y  también que, indefectiblemente , a mí me habían caído sus partículas fétidas y voladoras; que, aunque ella no me toque,  debían estar cubriéndome alguna parte del cuerpo. 
Lamenté que hubiera elegido justo ese asiento entre todos los que habían y lamenté no tener el coraje para levantarme e irme. 
Más luego me percaté de que, aunque me corra a los asientos de adelante o atrás, sus partículas movedizas también me alcanzarían o que, aunque me aleje demasiado, partículas de otras cosas me terminarían rozando.
Tristemente,  concluí que hay muchas partículas de no se qué que vuelan por el viento y caen sobre uno, que tiene la mala suerte de estar ahí justo cuando ese viento pasa. Y que la pobre fétida no tenía la culpa de eso, pero igual nada calmaba mi sentido del asco.

 Como venganza muda sobre este acto de injusta casualidad, decidí abrir exageradamente las piernas, de manera que rocen las suyas (total la fetidez era una realidad que ya a esta altura me alcanzaba y además ya estaba enterada de que no había escapatoria), una sutil manera de hacer pagar mi derecho de piso.
El pasar de los minutos me reveló que ella estaba al tanto de mis intenciones y empezó la camuflada contienda. 
Me rosaba demostrando que el lugar que le dejaba no era suficiente para su humanidad olorosa y yo me hacia la distraída, leía y escuchaba música y de alguna forma le hacía saber que debía conformarse con ese espacio, la vida es así, lo demás era mío,malditafétida.
Hasta San Isidro, nos trenzamos en franco combate por esa porción de mundo que es la mitad del asiento del Mitre y fue en Beccar cuando ella miró a un señor, que ya me había parecido verlo subir con ella aunque habían decidido sentarse pasillo de por medio (algo extraño, pienso que tal vez debería haber advertido eso como una amenaza desde el principio) y que yo supuse era su padre. Entonces, se levantó y fue a decirle algo, y yo canté victoria (casualmente el nombre de la estación a la que acabábamos de llegar, así lo anunció la sensual voz institucional del Ministerio de Transporte.  Esta casualidad me hizo sonreír, "al fin un azar sin olor", pensé) Más luego, volvieron ambos de la mano (obviamente era su padre; la diferencia de edad y sobre todo el trato paternal me lo hacían afirmar).

-Mira pá, esta es la del pie- señaló.

-Ah, pero que lindo piecito tiene- dijo tomándomelo.

Indignada aparté la pierna y me saqué los auriculares.

-¿Qué te pasa?-dije, grité, mientra me levantaba, pero no recibí más respuesta que un gancho de izquierda, certero y fatal, que me hizo caer y chocar la cabeza con las sillas de adelante. Desde el mugriento piso vi  en contrapicado que dejábamos atrás la estación San Fernando, donde tenia que bajar,  y presté atención a los ideogramas chinos que fueron plasmados en la puerta del vagón de la línea que recorre la zona norte de Buenos Aires.
 Después,  los vi a ellos, padre e hija, abrazados tiernamente y regocijándose de la sangre que me caía a chorros por la nariz. "Lo primero es la familia", repetían, mientras se me iba nublando la vista de a poco. Ellos siempre estaban ahí, creo que su intención era quedarse hasta que cierre los ojos y entonces pasaban su tiempo observándome desde arriba con placer . 
No sé qué hacían los demás pasajeros. Mi radio de vista no me permitía ver más caras que la de mis agresores y estaba demasiado aturdida como para escuchar algo más que lo que decían ellos, una y otra vez. Intenté moverme pero fue imposible, había caído en una posición de lo más extraña y estúpida, porque fue todo tan rápido que mi pie todavía estaba en el aire cuando ellos me pegaron (digo ellos, no sé cuál de los dos tiró el gancho, tranquilamente podría haber sido cualquiera). Antes del impacto estaba casi en posición de patética grulla así que me desplomé y quedé en forma de g o de q,  a ustedes qué les importa. Lo que sí, es que tenía las piernas sobre el asiento, dobladas hacía adentro, la cola colgando de las piernas, y la espalda y cabeza rozando el piso, colgando de la cola, así que cada vez me llegaba menos sangre al cerebro lo cual me impide entender dónde y cómo estaban mis manos y brazos. 

Lo último que recuerdo es que los muy malditos tenían en sus caras expresiones triunfales y malvadas, auténticamente malvadas, y antes de irse me escupieron y me tiraron, si eso hicieron, el paquete de bocaditos de queso encima. 
Y yo no tengo nada contra la piña,  pero el queso, las partículas, el olor, eso sí que no.  

Malditos fétidos.

viernes, 2 de enero de 2015

AÑAÑA

Al mismo tiempo que descubrimos que el ruido de la humanidad era el que se escuchaba en la Guitarrita un 30 de diciembre a las 22:30, nos dimos cuenta de que sin humanos ese ruido no existiría y que esa es la pista , el índice, de su paso por lo que hay de mundo. 

Escuchá bien, le dije, este es nuestro sonido, el de nuestra especie (si es que puede existir algo tal como una especie). Por supuesto que no era necesario pedirle que oiga porque el bullicio era elevado, muy elevado. La gente hablaba, los mozos caminaban, los vasos chocaban contra la mesa, los tenedores contra los platos, la grasa contra las lenguas, la cerveza estaba riquísima y el gas hacía ssss, y él es para nada sordo.

Si un alien descendiera sobre la tierra preguntaría qué cosa es eso que oye (en caso de que tengan los mismos sentidos  que nosotros, lo que depende de que vivan en las misma dimensiones, cuestión que yo dudo seriamente), continúo.

Me mira con su mejor cara de extrañamiento y se queda pensando. Más, unos minutos más tarde, también nos intrigó saber qué ruido sería el que otros seres consideran propio y a nosotros nos es ajeno. 



Después de la discusión, concluímos en que, por ejemplo,  hay altas probabilidades de que el ruido de la perridad es diferente al guau que nosotros creemos escuchar, y se podría llegar a asimilar más a un Añañañañañaña.