jueves, 9 de julio de 2015

Las enfermeras de Perón trabajan para Roscomos. (de como empezar una historia contando el fnal. De la importancia del paratexto. De la necesidad de sobreexplicar. Del deseo generar un sentido cerrado. De las ganas de confundir. De lo que suma poner un título. Del descubrimiento de las etiquetas. De lo bueno de trabajar frente a un cine barato)


A las 2.10 de la primer madrugada fría que hubo en el año, por la 92.1 se anunció la rebelión. El detalle -que no es detalle sino de vital importancia-: era una radio chica y poco escuchada en un horario poco concurrido. Sólo 20. Eramos pocos oyentes. Quedamos dos o tres. Estoy especulando.
Los locutores, con voz antiplanense, decían que "somos miles miles, en Morón, Lomas de Zamora, Moreno, Malvinas Argentinas, San Miguel. Nuestros hermanos de La Matanza, de Monte Grande, de Milberg, de Pacheco. Hermanos de...". De todas partes, las partes todas. Y después anunciaban que "se movilizarán en micros. En micros ubicados en diferentes puntos. Diferentes puntos que contienen micros. Esto anuncia un gran movimiento. Un gran mover".
Y repetían "gran mover, ¡qué mover!, enorme mover".
Éramos 20. Quedamos tres o dos, especulo.

Al otro día, en el subte a las 7 de la mañana, leí esta noticia:

La nave rusa podría caer mañana sobre la Tierra. Su caída sigue descontrolada. Pero está previsto que antes del jueves impacte. Pesa 7,2 toneladas-

Yo y 19 más esperábamos la caída de la nave en cualquier momento. Sabíamos que todo estaba relacionado. No confiábamos en Roscomos; los rusos están vinculados desde la guerra fría con países del tercer mundo.
Sentí como se me explotaban las ampollas que me cubrían las piernas. He desarrollado una alergia extraña causada por no sé qué. Me recubren las piernas. Las ampollas. Y cuando me apoyo o me siento se empiezan a explotar. Salen una vez por mes y se van, son extrañamente periódicas. Sentí como la pus lo invadía. Lo invadía todo. 
Como los de ayer, pensé. Y Roscomos, agregué. 
Llegué a la oficina y encontré un mail en mi casilla. Escrito en ruso, debí usar Google para traducción: "Ivanovna, reunión de oyentes de la 92.1.
20:30. Lugar: cine Gaumont. Función de Las enfermeras de Perón, sala 3. Llevar bufanda".

Peligroso, pensé. Increíblemente cerca de mi centro de trabajo. Saben que estoy acá. Gran elección, ya que si quieren hablar tenía que ser documental aburrido.
¿Seremos todos los oyentes o sólo yo? 
¿Quién hizo ese documental? 
¿Bufanda?



20:30 estaba en el Gaumont. Elegí sentarme cerca de la puerta. Habían sólo 5 personas. 3 tenían anteojos sin aumento, eran del SIC. La 4ta era un jubilado. La 5ta, el acomodador.

Empezó el documental:  
-Las enfermeras de Perón cuidaron del carismático caudillo durante sus últimos días de vida.

...

-Al igual que su difunta esposa, Eva Duarte, requirió de cuidados paliativos y gran atención...

...

-El general Perón no gustaba de que sus enfermeras estén encima: sentía humillación de que alguien deba alimentarlo, ayudarlo a bañarse, a vestirse...

-Ivanovna.

-Perón se aseguró de que sus enfermeras tengan trabajo o pensión de por vida...

-Quédese callada. Mire al frente.

-Perón hablo con Isabel para  generar ayudas varias para esas enfermeras.

-¿Gusta del documental? ¿No?

-Finalmente, Perón murió en 1974 y se hizo cargo del gobierno Estela de Perón, su esposa.

-Cuando termina vamos.

-Las enfermeras trabajan actualmente en el Hospital Rivadavia.
Fin

-¿Y la bufanda?- pregunté.
-Hace frío. Ah, por cierto, golpearé su cabeza hasta que pierda el conocimiento.


.

sábado, 9 de mayo de 2015

alegrías y tristezas de vivir una pasión

Así como hay problemas con la lluvia porque es húmeda, obliga a comer, a desplegar paraguas o entristece, hay problemas con todo lo que uno pueda imaginar. Nada de nada puede dejar conforme a una persona y no hay una sola porción de cosa que no sea problemática.
Así, nos encontramos con esta cuestión: una noche, típicamente fría como hoy, a la luz de un monitor de pc Samsung, una persona se entera de una infidelidad. Complicación, lógicamente. Levanta el teléfono, comienza a marcar, corta y repite esas acciones dos o tres veces más.  Del otro lado de la pared donde apoya su cabeza este sufriente del engaño, hay una habitación con un concentradísimo ser humano tratando de sacar una cuenta para ver si puede o no cambiar su heladera por una nueva y mejor, a la que mínimamente le funcione el motor. Y en la casa vecina, dos jóvenes deciden casarse para poder viajar a Francia legalmente. Lo aceptan, se miran y se sonríen; se abrazan y fruncen el ceño. Eso no está bien.
¿Será que en esta manzana aunque sea hay alguien sin un problema? En  la casa de la esquina una mujer se queja del dolor de espaldas y su hijo le lleva un analgésico mientras piensa que su madre es una persona muy quejosa y eso sin dudas es problemático. En esa misma cuadra, un bebé llora, un tipo golpea la televisión porque la imagen se ve rayada, un peronista se queja de la derecha, una anciana sale de la ducha con el pelo a medio enjuagar porque el calefón se apagó,  un peronista se queja de la izquierda, un niño dibuja y se le rompe la punta del lápiz.
Afuera, un perro pasea feliz moviendo la cola. La alegría de cruzar la calle.

sábado, 11 de abril de 2015

Ezakimak (o hágalo usted mismo, mientras yo me tomo un descanso)

Un kamikaze sube al subte con una bomba atada a su cuerpo y se enamora a primera vista de una chica que duerme contra la ventana. ¿Qué falló?

Tiene 18 aňos.
Desde los 4 lo entrenan. 
Tuvo un estricto régimen de visitas para ver a su mamá y a su papá.
Ellos no podían llamarlo más que por el nombre y el apellido.
En la escuela no tenía amigos.
No tenía compañeros.
Tenía colegas que pensaban igual que él. 
'¿Qué más da?, yo voy a inmolarme'.
No se hablaban más que para preguntarse algo que no habían entendido.
Jamás había sentido cariño por nadie de su edad.
No recordaba haberse dado amor con sus progenitores.
El decía: "Mis progenitores esto, mis progenitores aquello".
Pero no "papá y mamá". 
Nunca tuvo mascotas. 
No tenía comida preferida. 
No le gustaba ningún grupo o género musical.
 Y no se sentía atraído por ningún tipo de arte. 
Lo único que era trascendente en su vida era la misión que cumpliría 45 días después de su cumpleaños número 18. 
Y así llego el gran día.
Baja al subte dispuesto a inmolarse y plaf. 
Amor, de repente.
Algo que nunca había sentido. 
Una desconocida total que duerme plácidamente contra la ventana, no sabiendo que de lo linda o no que se pueda ver podría depender su vida y la de los demás pasajeros de la linea B a las 8 am.
Tiene 10 minutos para decidirse.
La bomba está en acto.
Pronto estallará.
Se queda parado directamente frente a ella. 
Percibe su presencia. 
Abre los ojos.
¡Lo mira!
Se miran.
Tic tac tic tac.
... 
Siguen mirándose. 
Oh Dios, ¡que manera de mirarse!















(espacio)

























(Espacio, espacio)





















Pensé mucho sobre cómo resolver la historia del kamikaze enamorado. Usted ahora la está leyendo baja la página y nada, todo blanco, y espera el final y yo entro por la puerta con dos termos y dos tacitas de porcelana  y me siento en una silla a su lado. 
¿Té? ¿Café? 
Bien, no acepta nada porque no confía en una autora desconocida que se hace llamar Malvina Cur (aunque bien sabe que si fuera tan peligrosa Google ya me habría vendido al FBI). 
Oh. Perdón, olvidé cerrar la puerta. Le decía: pensé mucho cómo resolver la historia del kamikaze. Usted como lector -y yo respeto mucho su opinión- ¿qué cree? ¿Debo priorizar la historia de amor y la idea de que puede salvar el mundo? O al contrario, ¿el mundo está perdido? 
Sorbo mi taza de café.
¿Seguro que no quiere?
Tic tac tic tac

-¡La historia debe resolverse!-me grita- ¿Qué carajo me importa cómo?! ¡Es ficción! Si todos mueren poco me importa, el punto es que haya desenlace. 
Oh, ya veo -vuelvo a sorber despacito (a veces hay que tomarse estos minutos de reflexión con el lector, me entenderá)- es usted una persona que odia los finales abiertos. 
Me mira enojado. 
-Pero si es usted la que quiere terminar el cuento, ¿para qué me pregunta sino?
 Siempre es muy importante la opinión del lector. 
-Entonces le repito: no me interesa si mueren todos o triunfa el amor. Sólo quiero que termine.
 ¿Cómo puede no importarle? 
-¿Por qué me va a importar? ¡Es ficción!
¿De modo que es un lector que no tiene interés en la ficción?
-¿Por qué tiene que etiquetar todo?
Vea, yo no etiqueto. Noto que usted repitió lo de no importarle porque es ficción.
 -Claro, me interesaría saber cómo termina, por una cuestión de entretenimiento nomás, pero la ficción es eso: ficción. Y queda ahí, no repercute en mi realidad. 
¿No?
-No. 
¿No?
-¡No! 
¿No? 
-...
Se queda perplejo. Sorbo más de mi tacita y la apoyo en el escritorio. Empiezo a caminar en círculos. A veces me gusta jugar con los lectores a la incertidumbre. ¿Que hará Malvina Cur? Se preguntan.
Finalmente:
Le pregunto ...- silencio, ¿ya ve? Incertidumbre- le pregunto porque, como espero se haya dado cuenta, usted pasó a formar parte de mi relato.
Mira para todos lados, paranoico.
-¿Y?
Por lo pronto, eso es ficción. ¿Realmente cree que no tendría repercusión en su propia realidad?
Sigue desconcertado. Ahora mismo lo narro: está desorientado, no sabe qué pasa ni quién soy, y mira la pantalla y la tacita de café que apoyé al lado. "¿Esto es real?", se pregunta.
-¡Que carajo!
Grita.
-¡¿Qué le pasa?!
Pregunta.
-¡Ey! Deje de decir verbos después de que termino de decir algo.
Ordena inútilmente.
-¡¡Aaaaahhh!!
Lo lamento, no quería irritarlo. Sólo quería demostrarle...
-¡Qué ! ¡¿Qué cosa?!
...demostrarle que la ficción es cosa seria.
-Es molesta.
Disculpe nuevamente. No era mi intención. Vea, yo lo respeto.
-No.
¿No qué?
-No me respeta.
¡Por Cristo! Sí que lo hago.
-Usted, Malvina Cur, está en franca violación del contrato de lectura.
¿Cómo dice?
-Sí: todo lo que se escribía era mentira. Hasta que usted apareció acá, como si nada, con su café y sus ganas de preguntarme cosas. ¡Yo qué sé! Soy lector y usted no debería venir. Justo acá - señala con la mano, traza una linea invisible y luego hace pantomimas- justo acá está la barrera entre usted y yo. Aquí hay un vidrio que no se ve, pero que no se pasa. Usted ahí y yo de este lado.
No, es que yo dedico tiempo a mis lectores. Quiero demostrarles...
-¡Al carajo! Usted vino acá a relatar mi tarde. Que lo miro perplejo, que le grito, que le doy ordenes. Y yo tengo un franco a la semana, y lo quería pasar tranquilo y leyendo. Y ¿qué hace usted? ¡Molestar! ¡Viola cualquier contrato de lectura habido! Es usted una...
¡Eheh! Momentito. ¿Cuándo firme yo contrato? ¿Acaso usted o yo rubricamos algo?
-¡Es una cláusula tácita, imbécil!
Tacita esta -levanto la taza- Disculpe. Quiero decir, lo tácito no existe. Podemos relatar la vida de los lectores. Francamente no veo problema en ello. Los convertimos en protagonistas privilegiados de una historia. Ustedes, y hasta yo, que pensábamos que nuestra vida no valía nada porque no somos ni kamikazes ni mujeres de las que se enamora uno a primera vista de repente somos tema de una historia. ¡Somos el eje!
-Pues yo sólo quiero pasar mi franco relajado leyendo. Terminar de leer  y que nadie venga. ¿Cómo entró usted acá, por ejemplo? ¿También violó la propiedad privada?
Por su mente. Si usted considera a su mente propiedad privada... Y en tal caso, si es así, me ha abierto la puerta (aunque debo admitir que me negó mi entrada perfecta).
-¿¿Cómo??
He entrado de formas mas originales, ya ve... rompiendo el cristal de la ventana, haciendo clara analogía a la idea del vidrio invisible que nos separa... Con bombas de humo. Resucitando de una tumba y esas cosas... pero usted... a decir verdad, que lector aburrido... Yo, que influyo en esto, tengo el deber de hacerlo interesante. Ahora quiero que haga esto que escribo (Y LO HARÁ, de hecho): se para , lava la tacita,  apaga la computadora y se dirige al subte línea B.  Allí lo esperan el kamikaze y la chica de la que se enamoró. RESUÉLVALO.

miércoles, 4 de febrero de 2015

Caminar por la calle es peligroso porque te pueden pasar cosas como estas

Hoy iba caminando por la calle y al ver una publicidad que decía "Empezó el juego" en blanco sobre un fondo negro (nada más) no pude distinguir si era para inducir a comprar algo de Nike o a votar a Massa . ¡Podía ser cualquiera de las dos! Estoy temblando,confundida, y tengo miedo. Todos los muros se caen, no hay divisiones y nada es fijo. ¿Cómo saber si este cambio (la posmodernidad política o la posmodernidad económica, que sería lo mismo porque justamente es posmo) es correcto? Puede que lo sea y entonces yo sea reaccionaria en un sentido negativo de la palabra o también puede terminar pasando que mi subversión sea legítima. ¿Pero quién dice si lo que vendrá es bueno? ¿Quién dicta eso? ¿Massa o Nike? ¿O los dos? Alguien lo termina decidiendo, indefectiblemente.
Tengo tanto, tanto miedo.

domingo, 1 de febrero de 2015

Separación de sílabas

Una pequeña observación respecto del título anterior. Es sobre la palabra fundamental. Esa palabra: f u n d a m e n t a l.
O funda-mental
¿Entiendo cuándo algo se considera fundamental? Sí.
Cuando se considera fundador de una manera de usar tu mente, es decir: de pensar.

O, cuando recubre tu cabeza y pasa a ser eso que te aísla de una vez por todo del resto de las cosas, como la funda de las almohadas, como esa funda.
Esa es la consecuencia más visible, creo yo. De ahí los funda-mentalismos. Auténticas fundaciones del pensamiento, auténticos aisladores de mentes. ¿De qué? De otras mentes. (Porque: ¿de qué otra cosa podría aislarla? ¿Hay otra cosa aparte del pensamiento?  ¿¿¿¿¿¿La hay?????? (Descartes se retuerce en la tumba)).

A  modo de epílogo:  lo que más admiro de algunos escritores es su capacidad para separar sílabas y descubrir desinencias y raíces de palabras. 
Sobre todo, esa gran capacidad de separar las silabas que no se ve en otras personas, aunque se aprende en tercer grado... 
Es extraño que vayamos desaprendiendo esa potencialidad con el pasar de los años.
Es más extraño que después nos acostumbremos tanto a que las palabras vayan todas juntas, así, de una vez, y naturalicemos esa pegatina de significados, cuando antes hablábamos con monosílabos. 
Aaaa uuu eee hhhkdslosadbnf!!

miércoles, 28 de enero de 2015

Yafeu Mubar y la fundamentalidad del espejo


El espejo lo inventó Yafeu Mubar en 1456 a.c
Vital es la necesidad de escribir sobre el espejo y responde a entender por qué es la técnica que abre paso al conocimiento tal cual lo conocemos, valga la redundancia.

¿Qué fue lo primero que el hombre quiso ver que no estaba a su alcance? ¿Qué? ¿América? No. ¿Europa? No. A sí mismo, mi querido amigo, a sí mismo.
 Sin el espejo no tendríamos noción del propio rostro. Ni siquiera puede alguien objetar que la fotografía o las cámaras, que podrían darnos una idea de cómo es que somos, porque mire, fue necesaria la intervención de la técnica especular para tales invenciones. El espejo estaba allí cuando las cámaras -¡es la base de las cámaras!-, y estuvo antes, con y después-porque al día de hoy todavía tiene un vigencia llamativa- de la pintura. Los retratos nos dan una impresión aproximada de cómo nos vemos, pero pasan por el inevitable filtro del pintor. ¿Confiamos en que el pintor nos retrata tal cual somos? No. Cientos de testimonios de la edad media en adelante hay de artistas increpados por musas y musos que les reclaman un más de realidad, un más de belleza, un más curvas, un más de brillo facial. ¿Por qué pudieron reclamar esto? ¿Por qué no confiar en las manos y la visión de artistas, de la talla de Miguel Ángel Buonarrotti, quien, por ejemplo, fue denunciado por una joven aristócrata florentina por injurias faciales (SIC) por haber pintado un bigote en el retrato-¡Sí! Así consta en los testimonios-? ¿Cómo pudo la joven florentina darse cuenta de que ese retrato no tenía que ver con su realidad? Tal es el poder de la comparación, de una buena comparación que nace de mirarse anteriormente a posar en un espejo, de saber que tal bigote no estaba allí antes y que ¿por qué iba a estar 20 minutos más tarde? 
Por tanto, lo segundo que surge con el espejo (lo primero es el reconocimiento de uno mismo, por si no lo mencioné a pesar de su vital importancia -a veces las cosas son tan esenciales que ni se dicen. Es el caso-) es la diferenciación ( de la que, obviamente, la comparación es sólo su primer parte), ergo, que la joven florentina diga que esa mujer del cuadro es diferente a ella. Y la tercera cosa que surge entonces sería la crítica, porque para poder criticar algo que ES hay que saber que PODRÍA NO SER (así). De modo que la joven aristócrata en debate público en la plaza de la ciudad acusó verbalmente a Michelangelo y defendió su punto de vista, el mismo que le devolvía su reflejo. Con la mano izquierda (a pesar de ser diestra) acusaba a Buonarrotti y lo apuntaba con el dedo índice. Pero, ¿qué tenía en la derecha? Un espejo, por supuesto, en el que se veía reflejada a cada momento, no sea cosa de que en algún vistazo ella vea finalmente el bigote que vio el pintor y su denuncia a un tipo tan reconocido la haga quedar en ridículo.
Tal es la incidencia de la técnica y su importancia. Tales son las consecuencias, porque si bien el episodio en Florencia se resolvió con un nuevo retrato gratuito que debió hacer  Miguel Ángel, quien también debió pagar veinte botellones de vino tinto para la aristocracia (todo para que no lo encierren o le quemen sus cuadros y bocetos -entre los que se encontraba La Creación, por supuesto-), las situaciones de poder y dominio marcadas por la conformación de las diferenciaciones no mermaron ni se resolvieron con cuadros o vino. Más bien lo contrario: fueron endureciéndose y embruteciéndose, sobre todo, con el tiempo. De modo que hoy día yo vivo en Argentina y soy argentina, y soy diferente de una holandesa, o que Wikipedia esta personalizada para cada país o que si las diferencias no son bienvenidas hay guerras.


Tal es la importancia de Yafeu Mubar que en 1456 a.c inventó el espejo porque vio, fíjese que cosa obvia para nuestros días, cómo la luz se reflejaba en un vidrio cuando de un lado estaba oscuro y del otro muy iluminado, siendo que en un juego "divino"- así habría dicho-  de rebotes lumínicos termina haciendo haber espejo (en realidad, según Wikipedia, los juegos divinos consisten en que "para una imagen formada por un espejo parabólico (o esférico de pequeña abertura, donde sea válida la aproximación paraxial) se cumple que:  en la que f es la distancia del foco al espejo, s la distancia del objeto al espejo y s' la distancia de la imagen formada al espejo, se lee: «La inversa de la distancia focal es igual a la suma de la inversa de la distancia del objeto al espejo con la inversa de la distancia de la imagen al espejo». en la que m es la magnificación o agrandamiento lateral").



Yafeu, cuyo nombre significa "audaz", fue uno de los más grandes creadores del mundo. 

lunes, 26 de enero de 2015

Peluquería

Cortarse el pelo puede ser una gran experiencia.
Entramos y nos dicen "pasá que ahora te preparan".
 Yo me digo "t e p r e p a r a n". ¿No será mucho? 
Pensaba en la cantidad de partes del cuerpo que hay que atender y las distintas especialidades para cada una*, de forma que del corazón se encarga un cardiólogo y si hay que operar debe ir a un cirujano ("xirujano" en el original) pero del pelo se encarga el peluquero. No sirven los conceptos quirúrgicos para cortar cabello y viceversa, a pesar de que ambas son intervenciones corpóreas (el pelo crece y las células se regeneran y uno podría preguntarse por qué no utilizar el mismo criterio estético para los dos. Ahora, que situación incomoda para todos estos hombres cortarse el pelo y, además, es muy cierto que cuando un peluquero empieza a cortar le cuesta parar. Muy difícil que lo haga pronto. ¿Se imaginan un cirujano que empieza a operar y sigue mas de lo necesario? Otra que Limbo. Por otro lado, ¿cuánto o cómo es lo necesario? Completamente imposible dar una respuesta absoluta. Sigamos)
De forma que si un cardiólogo quiere cortarse el pelo no le queda otra que venir a buscar un peluquero y eso es interesante porque invierte la pirámide de capital simbólico social.  El cirujano cardiólogo está sentado- Mira con miedo al peluquero y no sabe qué le va a hacer ni cómo le va a quedar, y se acerca con miedo a la gran silla y ve cómo manipula tijeras y transpira, a pesar de que a diario utiliza tijeras y cuchillas peores. El peluquero pone nervioso a un hombre que es operador a cielo abierto de corazones. Ahí su gran poder. Tal es la modernidad, tal es el resultado de sus extremas taxonomías y encarcelamientos. Todos podemos ser buenos en una partesita muy mínima del mundo.


*Siguiendo con la reflexión: Hay una persona que ÚNICAMENTE se encarga de las uñas, algo que en la totalidad sólo sentiríamos si se nos rompen y se nos meten y clavan en la piel pero esta es apenas la parte "estética" de la cuestión. ¿Se imaginan? Todo lo que nos puede ofrecer este servicio está de más.

miércoles, 14 de enero de 2015

Oda a Mora

Me di cuenta de que los perros respetan ciertos estándares racionales humanos, como la idea de que el mundo está subdividido fuertemente, que hay estrictos "adentros" y "afueras", y que, por lo tanto, hay paredes, puertas y ventanas para espiar lo que hay de ambos lados.
Ayer, mi perra me siguió hasta mi pieza pero no pasó, se quedó del otro lado de la puerta, esperando que le dé la orden para entrar. Cuando lo hizo, la mimé un poco y luego le dije que podía salir. Todo fue muy ceremonioso. Ella no quería irse pero luego de mis insistencias salió. Luego volví a abrir y ella estaba ahí, implorando con su mirada que la deje entrar. Presentí que, si hubiera tenido puños, tal vez habría golpeado insistentemente. Entonces le dije "Mora pasá", y lo hizo y se acomodó, contenta y con la certeza de que esta vez era definitivo.

Mora, esto es increíble. Somos iguales. Pensamos parecido. Vivís la misma dimensión separatista de los espacios y tiempos que yo. Uno hubiese creído que tenías otras dimensiones que contemplar, que para vos era todo lo mismo este mundo, que no lo habías dividido en habitaciones, adentros y afueras. Pero somos tan iguales que me sorprende. 
No sé si alguna vez fuiste diferente y esto es el resultado del contagio, de tu educación, de estar hace doce años con nosotros, del después de mi técnica que te amaestró (Mora,´¿también sos consciente de que hay un después y de que después del antes viene el después, y más aún: de que después del después también hay después? o ¿tus antes y después se mezclan y se entreveran unos con otros?).
Tal vez sos así desde que naciste, tal vez tus papás ya eran así (¿vos los llamás papás?, ¿qué serían para vos?, ¿sentís por ellos lo mismo que siento yo por Gustavo y Gabriela, esos dos de la misma especie que vi y veo, y ocupan mucho espacio/tiempo de mi vida?)(Mora, Mora, ¿naciste? ¡¿Naciste o solamente estás?!) (Mora, ¡¿SOS?!)

Mora, te quiero.


Acá,las dos posamos para la historia. Bah, yo estoy posando, Mora... vaya a saber uno qué hacía ella (¿hacer? ¿Ella? (...)).

sábado, 10 de enero de 2015

sordera


Cuando no quise escuchar más los problemas de la gente, que me desconcentraban de los míos, me quedé medio sorda (verdaderamente, casi por completo). Yo no había caído en la cuenta de la conexión hasta que Ornella amablemente me lo dijo (casi gritando, desde luego). Como toda profesional, tiene esa habilidad increíble para hacer relaciones, traza líneas insospechadas que van desde un aspecto de la vida a otro. Me gusta dibujarlo mentalmente. Los aspectos son como círculos de colores, tienen una órbita, una delgada línea que los rodea. Como un sistema solar pero con infinitos planetas y un fondo blanco, distinto a la ficción que tenemos del universo, donde la oscuridad es total. Este sistema también puede interactuar con otros, resultado de mis diálogos con otras personas. Cuando eso pasa, una fuerza insospechadamente fuerte reformula las líneas, las traza nuevamente y se agregan más círculos o cambian de lugar o se fusionan. Esa potencia me gusta imaginarla con una escoba. La escoba no es normal, más bien tiene 5 dimensiones.
Más, Ornella no usa escoba. Su tarea es más artesanal y fina: hace línea por línea. Sería imposible saber si hace bien su trabajo, si las líneas y sus vértices están bien elegidos. Pero yo sólo sé que le creo y por eso digo que si estoy sorda es porque no quiero escuchar a nadie más que a mis propios pensamientos, los cuales ya ocuparían bastante espacio. 
Ahora, camino por la calle y sólo creo oír mi respiración. El sonido que hacen las cosas cuando me rozan, mi pelo, la boca, la lengua, los chasquidos. Estoy mucho más concentrada, leo mejor. E incluso cuando escribo, mi atención en mí misma aumenta y a los demás, si los escucho, están alejados, como si formaran parte de un sueño.  Ahora por ejemplo, sólo existimos las palabras y yo. Después todo es un producto de mi inconsciente. Todo lo cual me lleva a decir que esta sordera es terriblemente recomendable para escribientes y empleados de call center.

jueves, 8 de enero de 2015

Partículas de olor vuelan por el aire‏

Me pasó algo muy particular, en todo el sentido y esplendor de la palabra, en el tren. 

Una chica entró comiendo bocaditos de queso y se sentó en un asiento contiguo al mío. Inmediatamente pensé que era un asco y sobretodo en el olor, porque, además, terminó de comer y empezó a sacudirse las manos y a agitarlas para sacarse las partículas de bocado de queso que se le habían pegado a la piel. Luego agarró el celular y me imaginé que debía de estar lleno de grasa y  también que, indefectiblemente , a mí me habían caído sus partículas fétidas y voladoras; que, aunque ella no me toque,  debían estar cubriéndome alguna parte del cuerpo. 
Lamenté que hubiera elegido justo ese asiento entre todos los que habían y lamenté no tener el coraje para levantarme e irme. 
Más luego me percaté de que, aunque me corra a los asientos de adelante o atrás, sus partículas movedizas también me alcanzarían o que, aunque me aleje demasiado, partículas de otras cosas me terminarían rozando.
Tristemente,  concluí que hay muchas partículas de no se qué que vuelan por el viento y caen sobre uno, que tiene la mala suerte de estar ahí justo cuando ese viento pasa. Y que la pobre fétida no tenía la culpa de eso, pero igual nada calmaba mi sentido del asco.

 Como venganza muda sobre este acto de injusta casualidad, decidí abrir exageradamente las piernas, de manera que rocen las suyas (total la fetidez era una realidad que ya a esta altura me alcanzaba y además ya estaba enterada de que no había escapatoria), una sutil manera de hacer pagar mi derecho de piso.
El pasar de los minutos me reveló que ella estaba al tanto de mis intenciones y empezó la camuflada contienda. 
Me rosaba demostrando que el lugar que le dejaba no era suficiente para su humanidad olorosa y yo me hacia la distraída, leía y escuchaba música y de alguna forma le hacía saber que debía conformarse con ese espacio, la vida es así, lo demás era mío,malditafétida.
Hasta San Isidro, nos trenzamos en franco combate por esa porción de mundo que es la mitad del asiento del Mitre y fue en Beccar cuando ella miró a un señor, que ya me había parecido verlo subir con ella aunque habían decidido sentarse pasillo de por medio (algo extraño, pienso que tal vez debería haber advertido eso como una amenaza desde el principio) y que yo supuse era su padre. Entonces, se levantó y fue a decirle algo, y yo canté victoria (casualmente el nombre de la estación a la que acabábamos de llegar, así lo anunció la sensual voz institucional del Ministerio de Transporte.  Esta casualidad me hizo sonreír, "al fin un azar sin olor", pensé) Más luego, volvieron ambos de la mano (obviamente era su padre; la diferencia de edad y sobre todo el trato paternal me lo hacían afirmar).

-Mira pá, esta es la del pie- señaló.

-Ah, pero que lindo piecito tiene- dijo tomándomelo.

Indignada aparté la pierna y me saqué los auriculares.

-¿Qué te pasa?-dije, grité, mientra me levantaba, pero no recibí más respuesta que un gancho de izquierda, certero y fatal, que me hizo caer y chocar la cabeza con las sillas de adelante. Desde el mugriento piso vi  en contrapicado que dejábamos atrás la estación San Fernando, donde tenia que bajar,  y presté atención a los ideogramas chinos que fueron plasmados en la puerta del vagón de la línea que recorre la zona norte de Buenos Aires.
 Después,  los vi a ellos, padre e hija, abrazados tiernamente y regocijándose de la sangre que me caía a chorros por la nariz. "Lo primero es la familia", repetían, mientras se me iba nublando la vista de a poco. Ellos siempre estaban ahí, creo que su intención era quedarse hasta que cierre los ojos y entonces pasaban su tiempo observándome desde arriba con placer . 
No sé qué hacían los demás pasajeros. Mi radio de vista no me permitía ver más caras que la de mis agresores y estaba demasiado aturdida como para escuchar algo más que lo que decían ellos, una y otra vez. Intenté moverme pero fue imposible, había caído en una posición de lo más extraña y estúpida, porque fue todo tan rápido que mi pie todavía estaba en el aire cuando ellos me pegaron (digo ellos, no sé cuál de los dos tiró el gancho, tranquilamente podría haber sido cualquiera). Antes del impacto estaba casi en posición de patética grulla así que me desplomé y quedé en forma de g o de q,  a ustedes qué les importa. Lo que sí, es que tenía las piernas sobre el asiento, dobladas hacía adentro, la cola colgando de las piernas, y la espalda y cabeza rozando el piso, colgando de la cola, así que cada vez me llegaba menos sangre al cerebro lo cual me impide entender dónde y cómo estaban mis manos y brazos. 

Lo último que recuerdo es que los muy malditos tenían en sus caras expresiones triunfales y malvadas, auténticamente malvadas, y antes de irse me escupieron y me tiraron, si eso hicieron, el paquete de bocaditos de queso encima. 
Y yo no tengo nada contra la piña,  pero el queso, las partículas, el olor, eso sí que no.  

Malditos fétidos.

viernes, 2 de enero de 2015

AÑAÑA

Al mismo tiempo que descubrimos que el ruido de la humanidad era el que se escuchaba en la Guitarrita un 30 de diciembre a las 22:30, nos dimos cuenta de que sin humanos ese ruido no existiría y que esa es la pista , el índice, de su paso por lo que hay de mundo. 

Escuchá bien, le dije, este es nuestro sonido, el de nuestra especie (si es que puede existir algo tal como una especie). Por supuesto que no era necesario pedirle que oiga porque el bullicio era elevado, muy elevado. La gente hablaba, los mozos caminaban, los vasos chocaban contra la mesa, los tenedores contra los platos, la grasa contra las lenguas, la cerveza estaba riquísima y el gas hacía ssss, y él es para nada sordo.

Si un alien descendiera sobre la tierra preguntaría qué cosa es eso que oye (en caso de que tengan los mismos sentidos  que nosotros, lo que depende de que vivan en las misma dimensiones, cuestión que yo dudo seriamente), continúo.

Me mira con su mejor cara de extrañamiento y se queda pensando. Más, unos minutos más tarde, también nos intrigó saber qué ruido sería el que otros seres consideran propio y a nosotros nos es ajeno. 



Después de la discusión, concluímos en que, por ejemplo,  hay altas probabilidades de que el ruido de la perridad es diferente al guau que nosotros creemos escuchar, y se podría llegar a asimilar más a un Añañañañañaña.