¿Hay algo más desesperante que tirar el agua en el inodoro y ver que no corre? ¿Ver que lentamente se va llenando? ¿Ver que se acerca peligrosamente al borde? ¿Imaginar la posibilidad, segundos atrás remota, de que entonces puede rebasar? ¿De qué entonces un inodoro es una compuerta de algo que no queremos ver, ni saber de su existencia? El inodoro como exterminador y desaparecedor de todo aquello que no creemos digno de tener entre nosotros. La cadena como botón rojo, como botón de expulsión directa. El botón como orden absoluta de exterminar esa realidad. Un exterminador. Eso es un inodoro.
Pero nosotros lo olvidamos. Naturalizamos totalmente sus funciones. Olvidamos su verdadera esencia y su tarea. Y sólo somos capaces de recordarla cuando peligra el status quo. Cuando el agua del inodoro se acerca peligrosamente al borde de la taza.
Encontré un cuchillo en un inodoro.
Fue en un ínfimo departamento de Villa Crespo. Acababa de mudarme, el agua del inodoro no corría y yo, totalmente inexperta en el uso de herramientas de plomería, llegué hasta el final del asunto: al espanto de darme cuenta en ese momento de que alguien había querido hacer desaparecer un cuchillo. Un cuchillo que ¿por qué tenía que ser borrado de la faz de nuestra tierra? ¿Qué había hecho? ¿Qué habían hecho de él?
¿Cómo empezó?
No corría el agua de Villa Crespo. Crucé la calle para ir a una ferretería y explicar el punto. Me confesé inexperta. Me dieron un extraño alambre. Me dijeron que el alambre se giraba y servía para destapar. No creí, pero me obligué a creer que ese palito, a mis ojos informe, podía con semejante tarea. Había empezado a girar la manivela del “destapador” - tal como se le llamaba a ese alambre - y durante un tiempo confirmé mi desesperanza. Pero en un momento comenzó a trabarse, entonces tiré y el agua cristalina - pero siempre inmunda -, me salpicó los ojos. Cuando los abrí, vi el cuchillo: un tramontina clásico con mango de madera. Los mejores, creo yo. Lo miré absolutamente anonadada, con la cara con la que se mira un cuchillo recién salido de las profundidades de un inodoro.
Espanto y teorías conspirativas.
Dí al cuchillo un destino más terrenal. No lo usé para comer o cocinar, pero lo tiré en la basura, donde no dejaba de existir de esta faz de un momento a otro; donde el recorrido sería más orgánico. Sinceramente, creo que nadie puede decir qué es de la vida de ese cuchillo. Creo que es totalmente impredecible lo que pasa cuando tiramos cosas de ese estilo a la basura. Sirven pero secretamente una sabe que no. Sin embargo, a menos que se descarte junto con una historia clínica, no puede saberse si alguien le dará uso o sospechará.
Seis años más tarde, en el primer mes de la pandemia, miré al inodoro con el mismo espanto y extrañeza, haciéndome la misma pregunta: ¿cómo esto puede tapar mi inodoro?
Esta vez, teorizando sobre la posibilidad de que el tubo de cartón de un rollo de papel higiénico que había caído la noche anterior y que tal parecía era el culpable de que el agua casi rebalsara. Para mí era inviable que el tubo de cartón tapara un inodoro porque hay una relación metonímica entre los objetos. No puede ser plausible que algo que convive al lado y siempre a punto de caer al agujero lo tape, y uno estima que los fabricantes lo sepan. Y sin embargo, un rollo de papel higiénico había caído una noche, y acto reflejo tiré la cadena. Dieciocho horas más tarde, el panorama era terrorífico: no se podía tirar la cadena sin la adrenalina de sentir que la situación empeoraría de un momento a otro. A veces me indigna la falibilidad de los inodoros y nuestra relación de absoluta dependencia con ellos para que las cosas sencillamente desaparezcan de la vista.
Probé soluciones caseras: detergente, agua hirviendo, lavandina en cantidades, pero cada vez que apretaba el botón la catástrofe parecía más cercana.
Busqué el contacto de la primera y única persona que se me vino a la mente.
Giyo es mi plomero; siempre lo llamo y si es una urgencia viene en el día, pero después de las nueve, o sea que que llega siempre entre nueve y media, y diez de la noche. Mi chat:
[18:47] Yo: Giyo
[18:54] Yo: Ayudaa
[18:54] Plomero Giyo: Hola, ¿qué le pasó?
[18:57] Yo: Estoy nivel desesperación
Mando audio + video del asunto.
[19:09] Plomero Giyo: Uuuu que bajon
[19:09] Plomero Giyo: Yo estoy por palermo en un trabajo
[19:10] Plomero Giyo: Yo, si voy, tipo 9.30 estaré ahí
[19:10] Yo: No llegas hoy?
[19:10] Yo: No hay forma de destaparlo yo?
[19:11] Plomero Giyo: Hay que sacarlo y darlo vuelta al inodoro
[19:11] Yo: Ah no
[19:11] Plomero Giyo: Recién ahí va salir lo que se cayó
[19:11] Yo: Ya me excede
[19:11] Yo: Con sopapa tampoco?
[19:12] Plomero Giyo: El tubo que cayó es de cartón o de plástico ?
[19:12] Yo: De cartón
[19:12] Plomero Giyo: Si es cartón en un rato se va desarmar
[19:12] Yo: Se cayó ayer a la noche
[19:13] Yo: Eso me llama la atención
[19:13] Yo: Que fue de dormida
[19:13] Yo: Y recien vi que empezó a taparse ahora
[19:13] Yo: Entonces probé agua caliente y detergente
[19:13] Yo: Meter la mano
[19:13] Plomero Giyo: Sí, entonces no va pasar, hay que sacar el inodoro
[19:13] Plomero Giyo: Más tarde paso
[19:17] Yo: Pero se puso peor que ayer, como puede seer???
Desesperada empecé a consultarle a otras personas conocidas si no había manera de resolver este asunto mientras probaba más soluciones caseras y hervía más agua. En tanto, mi jefa me pedía cosas, pero le mandé un audio explicándole mi terror al borde las lágrimas
Audio a jefa + Respuesta de jefa
La verdad es que todo fue muy desagradable y fui más hasta al fondo que en Villa Crespo: la mano adentro, una percha desarmada. Fue increíble todo lo que pude sacar con ella, pero no el tubo de cartón. Probé más detergente, más agua, más lavandina. Un asco.
Tuve una idea repentina.
Yo estaba patética: me había dado cuenta de la avería apenas había salido de bañarme y me había puesto un buzo de Mickey gigante, unas medias agujereadas y unas calzas también agujereadas, y no tenía ni bombacha ni remera debajo. Me salteé todo eso y decidí salir a tocarle el timbre a Mónica que era la portera. Cuando me mudé, me tiraba notas por debajo de la puerta para que aprenda las reglas del edificio porque yo no separaba la basura. Además, Mónica es memorable porque tuvo un duelo de carteles con algún vecino que le escupía el ascensor, entonces todas las mañanas aparecía un líquido blanco burbujeante y espeso en las paredes del ascensor y un cartel de Mónica que le decía que no lo iba a limpiar y que se gargajee el orto (sic).
A Mónica le toqué el timbre y le conté todo. Mónica me dijo que jamás le había pasado y elucubramos que quizás lo que sucedía era que -pese a que el rollo había caído hacía casi 20 horas y todo indicaba que se disolvería- probablemente el papel que había echado durante el día se había trabado en el cartón. Eso y además Mónica agregaba que los papeles higiénicos son cada vez menos papel y más otra cosa. No entendí su idea y estaba interesada en todo lo que pudiera ayudarme así que indagué: Mónica decía que los papeles higiénicos eran cada vez más artificiales porque eran sedosos. “Son cada vez más parecidos a la seda y menos parecidos al papel”, explicaba, y concluía con que por eso mi baño estaba tapado. Por fina básicamente. Pero me pareció de mal gusto comunicarle que yo siempre compraba el más barato de los papeles y que seguramente los de la fábrica no se habían molestado en ponerle seda. Preocupadísima, terminé esa comunicación y volví a Giyo para comunicarle la teoría de Mónica del atraco del papel en el rollo en el inodoro.
[19:42] Yo: Giyo. Pregunta: puede ser que el papel higiénico que tire durante el día se haya acumulado ahí al lado del cartón y por eso ahora se tape y antes no??
[19:45] Plomero Giyo: Si si, eso lo tapó más
[19:47] Plomero Giyo: Si tenes una sopapa puede que se destape
[19:49] Yo: No tengo
[19:49] Yo: Pero puedo ir a comprar
[19:50] Yo: Al chino porque ferretería no creo
[19:57] Plomero Giyo: Ferretería ya no hay a esta hora
[19:57] Plomero Giyo: en el chino puedes conseguir
Y todo se volvió muy caótico acá porque eran casi las ocho, el supermercado estaba por cerrar y yo decidí ir a fondo, otra vez, ir por todo. Así como estaba vestida, salí al chino de la cuadra de mi edificio. Fui a la sección limpieza y vi una gran sopapa. Era gigante. Yo realmente no sé cómo elegir el radio de las sopapas, pero era enorme. En el pasillo estaba el otro único comprador. Entonces encontré otra sopapa mucho más chica y miré las dos. También vi lavandina y la agarré, y entonces sólo me quedaba elegir una sopapa. El señor me miró y me dijo: “Decime vos que buscas y yo te digo, y nos ayudamos”. Y era buena idea. Le informé que buscaba jabón blanco y entonces le conté todo lo que me había pasado en el baño; y aproveché para agarrar papel higiénico que -encima- también necesitaba. Y no me dio ninguna respuesta. Dijo “uy”. Todos dicen “uy” cuando se cuentan estas cosas. En fin, que fui a la caja con 2 litros de lavandina, un pack del papel higiénico más barato y dos sopapas de distintos tamaños. Había buscado una tercera intermedia, pero no encontré y yo ya estaba decidida a que si iba a intentar lo de la sopapa lo intentaba bien, aunque mi esperanza era a toda vista casi nula.
Esto es lo que tienen los elementos de plomería: no transmiten esperanza. Nadie daría nada por ellos. Cuando sucedió el cuchillo en Villa Crespo, yo llegué a la ferretería pidiendo destapador, y cuando me ofrecieron el alambre lo desestimé y opté por un líquido cuyo envase delataba una especie de pseudo letalidad para los humanos. El alambre era un alambre, no me decía nada; la sopapa era ridícula, es un elemento insulso. Sin embargo, cuando llegué a casa y la metí en ese inodoro tan falible, en ella estaba concentrada todo lo que me quedaba de espíritu. Y recé. Yo no rezo desde los siete años, cuando había tomado la comunión, pero recé o algo así. En realidad dije : “Dios, si de verdad existís, por favor que funcione”. This is real. Y sopapeé un par de veces y tiré la cadena, y nuevamente, el abismo. Y entonces levanté la cabeza al cielo y grité “¡Diooooos!” y cuando bajé los ojos vi la firma de Bernardino Rivadavia escrita con marcador en un azulejo de la pared.
Porque encima esto: en la pandemia me aburría e imitaba firmas de próceres en el baño. Pero lo cierto es que al verla me volvió toda la esperanza y sopapeé como nunca antes, con ritmo y constancia. Entonces apreté el botón y cuando el agua bajaba pronto se generó una succión repentina. Fue bellísimo. Empecé a gritar. Informé a Giyo:
[20:08] Yo: Giyo
[20:08] Yo: Creo que lo destape
[20:09] Plomero Giyo: Si si bien ahí que se destapó
[20:10] Plomero Giyo: Que suerte, se destapó
[20:11] Yo: 🙈
[20:11] Yo: Giyo me da mucha vergüenza haberte jodido tanto
[20:11] Yo: Perdoon
[20:11] Yo: Mil perdones
Audio + video de inodoro resuelto
[20:12] Plomero Giyo: Por favor, ninguna molestia estoy para ayudar
[20:41] Yo: 💐🙌🏽🙌🏽🙌🏽
