Recién descubrí que se voló una toalla y pensaba la mejor manera de hablar sobre el vacío que me dejó saber que nunca más la toalla. Sí, que posmo no poder decir directamente -y encima buscar y buscar otras maneras- que la voladura sorpresiva de esa toalla horrible, negra con mariposas de colores, me generó una tristeza inmensa. Y más porque sé dónde fue a parar: al techo de al lado. Indagando -bah- la dirección del viento de esta noche estimé que la toalla había tomado rumbo norte y por tanto: o estaba en la calle cerca del chino -entonces habría trazado una línea diagonal teniendo en cuenta que el punto de partida es la esquina derecha interna de mi balcón, tipo /- o voló -más luego se comprobó que efectivamente sucedió- de una forma poco convencional a una suerte de terraza dos pisos más abajo de al lado de mi edificio.
Digo poco convencional porque el balcón tiene pared y la toalla estaba colgada en el corner enganchada de una punta que sale de la persiana cuando queda levantada -es algo que acostumbro hacer cuando salgo de bañarme y quiero que se seque-; y además, la toalla es más bien un toallón, y nótese que pese a que no está del todo clara la diferencia entre ambos porque la utilidad es la misma, ciertamente los toallones pesan más y de esto no me caben dudas porque es fácil de comprobar -hagan la comprobación empírica que es bastante fácil y no se necesita de ningún avance tecnológico: 1) Forman una muestra representativa 2) Se agarra con una mano una toalla y con la otra un toallón 3) Se sopesan. Si aún les quedan dudas pueden invertir el paso dos, e intercambiar toallas y toallones de manos y repetir entonces el paso tres. Sugiero un descanso de por medio, es decir, no agarrar nada con ninguna mano por cinco minutos y recién ahí realizar este paso-.
Volviendo a la voladura de la toalla, decía: poco convencional porque con ese peso -incrementado porque estaba mojada- debió ser desencajada de la punta sobresaliente del corner de mi balcón, levantada medio metro para superar la altura de la pared y caer casi que al instante (estaba muy cerca de la medianera) en el techo de al lado, y todo esto debe haber sido acción del viento. Poco convencional porque: ese toallón con ese peso fue desencajado de la punta sobresaliente del corner de mi balcón por el viento, que luego lo levantó medio metro y así superó la altura de la pared y lo hizo caer en línea recta para depositarlo casi al lado de la medianera, en el techo colindante, donde nadie va, porque no es de esas terrazas usables, es tan sólo apenas un techo. Y ni siquiera ahora que tiene una mínima atracción alguien va a ir a verlo.
El punto es que a menos que el viento haga lo suyo nuevamente -sería elevarla metro y medio por encima de una barandita que veo que tiene el techo, desplazarla en dirección noreste (/) y dejarla caer en línea recta sobre la calle-, nunca más vería ese toallón horrible. Y yo, que triste me siento porque la/lo veo ahí tan solo o sola, de acuerdo a si sigue siendo toalla o ya podemos afirmar que es toallón, y quiero rescatarle pero no puedo imaginar siquiera cómo tocar el timbre de ese edificio para contarles que en su inutilizado techo está la toalla que el viento quiso que, vaya uno a saber por qué
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