jueves, 27 de noviembre de 2014

Otro Lugar 1

La mudanza

Vamos a comenzar a ponernos serios y hablar de este hombre, pobre hombre, que  no es más que el resultado de los tiempos en que vivimos. Se encuentra en su departamento, ordenando su ropa interior por color, buscando algo, no sabemos qué, que perdió en ese cajón.  Tal vez unas llaves, tal vez  otra prenda, un chip, un anillo, no sabemos qué.  Termina de acomodar  y cierra el placard. Se dirige a la cocina y revisa los estantes. Nuevamente, lo sorprendemos en su misteriosa búsqueda. Las especias, el azúcar, los fideos, el arroz, la sal y el orégano abandonan sus lugares comunes.  Y tras un nuevo fracaso en la pesquisa, el hombre, pobre hombre, los coloca nuevamente en su lugar, gira noventagrados y queda de frente a un clavito en la pared del que cuelga una llave (acá está la llave, indudablemente, así que no la estaba buscando).  La toma y con ella sale de su departamento. Camina por la calle. El día está recién amaneciendo. Las cuadras están tranquilas, desoladas, sólo las sacude una leve, muy leve, brisa de verano. Pero este hombre, pobre hombre, camina con un ritmo digno de las dosdelatardeenelmicrocentro. Está notablemente preocupado, mira con atención para todas partes, se agacha para revisar debajo de los autos, rodea cada árbol por el que pasa por lo menos dos veces: una con la cabeza gacha y otro mirando hacia la copa. ¡Busca algo! Sigue haciéndolo. Si hubiera alguien en la calle a esta hora podría preguntar, pero no hay nadie. Este hombre, pobre hombre, está completamente sólo en el medio de la ciudad que está amaneciendo. Es tanta su soledad que ni pájaros se oyen, como si ellos tampoco hubieran amanecido. Sigue en su desesperada búsqueda, revisa los tachos de basura, los da vuelta, lascajitaslospapeleslascáscarasdebananalosenvoltorios todo cae y ensucia la vereda, pero a quién le importa, debe  pensar el hombre, pobre hombre, que está solo buscando algo, no sabemos qué. Se trepa por las paredes para mirar por la ventana hacia el interior de las casas, de los negocios, observa a través del enrejado de las alcantarillas. Nada, no encuentra lo que busca. Esta sólo, no hay nada. Hombre, pobre hombre, ¿nadie le ha avisado que el mundo se mudó a otro lugar?

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