El hombre es un ser social
Ahora lo sabe, está sólo. No encontrará a nadie. Inevitablemente, todos se han ido a Otro Lugar, no sabemos cómo, ni a dónde, él tampoco lo sabe, pero en este mundo ya no están. ¿ Y ahora? ¿Será verdad que moriré porque el hombre es un ser social y sin compañía está destinado al fracaso?, piensa. Leyó eso muchas veces, siempre se lo dijeron, siempre fue el alivio citar esa teoría cuando no soportaba a la gente que lo rodeaba, siempre fue muy aceptada, pero nunca la había puesto en práctica. ¿¿¿¿Moriré, moriré, moriré, moriré???? Está atormentado. Se sienta y espera, ¿acaso está esperando ver si muere? Es lo más probable. Y Piensa. A pesar de todo, voy a extrañar este que era mi mundo, voy a extrañar los pajaritos (¡que triste! ¡Hoy no he escuchado ninguno!), voy a extrañar las comidas, las frituras, los quesos y todos los demás lácteos; me gustan los lácteos… Me pregunto si en el Otro Lugar seguirán habiendo lácteos y pajaritos, dos cosas muy importantes. Extrañaré las calles de asfalto y también las de tierra, aunque viviendo en la ciudad nunca pisé calles de tierra y detestaba las de asfalto. Extrañaré su recalentamiento en verano. ¡Y también su dilatación! Y hablando de dilatación, extrañaré tener sexo, aunque no era lo que mejor hacía. ¡Pero lo extrañaré igual! Puedo extrañar lo que quiera ¡Estoy solo! Puedo decir en voz alta que tenía mucho sexo. ¡TENÍA MUCHO SEXO! Sería hermoso que tenga eco cuando lo grito, pero en la ciudad es difícil conseguir eso, porque los edificios se hacen cada vez con materiales más blandos, que apenas producen una pequeña reverberación. Por eso se caían, por eso se escuchaba a través de las paredes e, igualmente, los alquileres eran caros. ¡Ay! Extrañaré los alquileres, los inquilinatos, ¡esa bella palabra! Extrañaré los edificios que se caen, los noticieros que cubrían la tragedia, ¡los móviles! Extrañaré a mis vecinos… TENÍA MUCHO SEXO SEXO EXO EXO EXO OO O O…. Si no hay eco se puede inventar, ¿quién me juzga?, estoy tan sólo. Extrañaré a las mujeres, eso sí. Las extrañaré mucho, mucho, porque ellas hacen de los días algo más luminoso; nosotros, los hombres, somos más opacos. ¡Y la cursilería! ¡Oh bellas damas del universo!, acariciar cual brisa veraniega su pelo con aroma a flor de nenúfar… Extrañaré a las mujeres. Extrañaré a los cantantes melosos, porque no es fácil hacer lo que hacían. ¡Voy a extrañar la música! Extraño el romanticismo. Extrañaré las flores, los ríos, el mar, la arena, las sombrillas, las bikinis, las colas, la gente comiendo choclos en las reposeras, la gente comiendo milanesas en las reposeras, la gente comiendo. Los restaurantes, los mozos, la comida árabe, armenia, mexicana. No creo que extrañe la comida china. No, no extrañaré la comida china. Pero extrañaré sin dudas a los chinos y todos los demás, que dicen que no son chinos pero que me cuesta tanto diferenciar. Extrañaré sus supermercados, las canciones en coreano que escuchaba la cajera. Cualentacentavo. Eso lo voy a extrañar. Extrañaré los juicios ajenos, extrañare a los jueces, Tribunales, su feria de invierno, la de verano, la de primavera, la de otoño. Extrañaré las estaciones y extrañaré a los abogados, ¡a las leyes! Voy a extrañar los subtes y a todos los locos que paraban en ellos… . No, no estoy muerto.
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