jueves, 23 de agosto de 2012

Maldisorrrr


En realidad, todo empezó con lo de la sensación de picor. Picor cuando comía cosas que me daban ardor en la garganta y me relegaban a una situación un tanto desesperante, de "no calma" se podría decir. Picor, en reemplazo de picante, más que ninguna otra cosa, pero también después fue un picor con los derivados sugestivos propios de cualquier palabra. Esto es: picor por calentura, picor por sensualidad, etcétera. Más que nada se usó de esa manera y desde entonces acostumbro terminar las palabras con or por cuestiones estéticas, al principio, y también porque me acostumbré y a veces es imposible no hacerlo. Si quisiera, puedo remontarme a los orígenes de este orígen y recordar que en algún momento alguien que yo sé empezó a concluir todas las palabras con onga, que es una terminación bastante desagradable, y casi un año después a mi me surgió lo de la sensación de picor comiendo pan con tomates, cebollas y locoto en un cumpleaños, se lo fuí a contar y entonces fue como mi venganza por todo eso de onga.  Al final, me terminé condenando yo solita porque no pude parar de transformar todas las palabras y de repente nos hablábamos y me decía cómo estás preciosonga y yo le contestaba, por ejemplo, que estaba con un picor que no podía controlar en la garganta, me preguntaba si no tenía que tomar alguna pastillonga y yo le respondía que por un tema de anchor no podía hacerlo, y empezaba a decir que todo el tema del onga y el anchor le daban ganas de empezar con los chistes subiditos de tono (tonor, lo corregía yo) y le decía que podíamos hacer una excepción por hoy, que no me sentía lo suficientemente bien, que tenía pudor, secor y también cansor, y que si no podíamos ver una película y comer galletitas, y me contestaba que en su casa habían muchas galletongas dulces y yo caía en la cuenta de que la expresión exacta era galletor, aunque no quedaba tan bien, y empezaba la discusión. 
Ya van varios meses desde que hablamos así, ni siquiera nos preocupamos por los riesgos estéticos de las terminaciones que no siempre quedan bien. A veces quiero agregar un or al final pero la palabra ya termina así, entonces tengo que ponerle doble or sólo para molestar, por ejemplo doctoror. Oor, sencillamente, no es factible cambiarle el terminor y, cuando quiero hacer el mutor para decir placard, el resultado, placardor, es francamente (o con exceso de francor) incomprensible. Maldisor!

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