Hay algo, una obsesión con lo moderno.
Estaciones nuevas y modernas, reza un cartel.
Nuevos trenes, más modernos, nueva biblioteca con instalaciones modernas.
A la gente le obsesiona la modernidad, pero no se dan cuenta de que es su propia experiencia, que viven en ella y entonces decir que algo va a ser moderno es una afirmación con tanto sentido que se vuelve redundante.
(De hecho, algo realmente destacable sería que un cartel oficial diga "Estos trenes autos estaciones y bibliotecas son viejos, pre-modernos" - lo que equivale a decir que salen de nuestra experiencia, que se hicieron antes de que tengamos el placer de experienciar su origen-).
La afirmación hecha por un moderno de que ahora hay algo nuevo y moderno es como el perro que se persigue la cola con la única salvedad de que a veces creo que lo moderno es la cola y la humanidad el resto del perro y otras veces al revés: la cola es la humanidad y el resto del perro es la modernidad: una experiencia que quiere alcanzar y morder a la humanidad, masticarla digerirla y devolverla de otra forma y este es un juego de nunca acabar: nunca pasará, pero nos sigue atemorizando que pueda suceder .
Así, de las dos formas, todo se repite a sí mismo. Lo Novedoso. Lo Tecnológico. Lo Reaccionario. Lo Hippie. Lo Vanguardista. Lo Flogger. Lo Anacrónico. Lo Ciborg. Las Máquinas y robots asesinos. Lo génico, lo Transgénico. Los Rituales Ayahuasca convocados a través de las redes sociales.
La trampa de todo esto es que la humanidad, la cola, y la modernidad, el resto del cuerpo, forman parte de lo mismo: el perro.
Cuando entienda eso habrá otro juego, tal vez superador.
Pero a eso todavía no llegamos.
Guau!

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