jueves, 4 de diciembre de 2014

Otro Lugar 7

La actitud cooperante de todas las cosas
Sus días pasan con la única compañía de Marcelo y otros personajes que va creando. Es la autentica vuelta al animismo. El asfalto habla “¡písame!”,  las copas de los árboles dicen “¡Hacemos fotosíntesis!”,  las puertas de la casa le piden que las abra, los cuadros que los cuelgue y descuelgue, la mesa que apoye cosas en ellas. Todo se vuelve sagrado de repente, todo genera su propia justificación, todo tiene ahora un mandato, nada es decisión de  él a pesar de que hace usufructo de todas estas cosas. Se siente en  paz con la naturaleza y lo artificial, no encuentra casi diferencia entre un algo y lo otro: a veces las manzanas le piden que las arranque del árbol y se las coma, y ellas parecen gozar de ser deglutidas. La carne envasada le cuenta su felicidad de haber sido preparada para el consumo. Le hace conocer cuán vaca era en el campo y qué tanto ansiaba que resultar elegida para ser Swift.
Charlando con Marcelo, da cuenta de que lo que antes llamaba artificial sólo se distinguía de lo natural por algún tipo de sentimiento de culpa para con su materia prima. Pero ahora que los productos terminados le cuentan su historia y cuanto ambicionaban convertirse en lo que son y lo que serán después del uso, de las propiedades de la colaboración con lo humano, no ve por qué debería hacer esa tonta distinción. Todo lo que me rodea es uno, concluye, ¿qué importa si es una plantita o un neumático? Todo quiere colaborar con que yo sea. El único problema es que estoy solo, no sé si quiero ser.

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