martes, 2 de diciembre de 2014

Otro Lugar 5

Soledad
El aniversario de las dos semanas (si es que no es contradictorio llamarlo así) después de la mudanza sorprende a este hombre, pobre hombre, en otra plaza de la ciudad, sentado en el pasto, con las piernas cruzadas, mirando a un árbol. Las ramas son movidas con suavidad por la brisa veraniega de las sietedelatarde. El de las copas de los árboles es el único sonido que se escucha.
Este hombre, pobre hombre, está en esta posición hace casi una hora, totalmente callado, casi inmóvil, completamente opuesto a lo que fue su vida durante los catorce días que pasaron: una rutina rompedora de candados, que se mete en los locales, que se prueba ropa, que  revisa casas ajenas, que se emborrachar solo, que salta, grita y come mucho. Y ahora de repente acá, callado mirándose con un árbol que es de los pocos acompañamientos vivos que quedaron en este mundo a parte de este hombre, pobre hombre, al que ahora le rueda una lágrima por la mejilla. Extraño tanto los pajaritos, hace tanto que no los escucho.

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